¿Por qué las palabras en español tienen género?

El español es un idioma muy antiguo que se ha enriquecido gracias al contacto e intercambio que ha tenido con otras lenguas. A veces es fácil rastrear en el tiempo cada uno de sus rasgos y características, pero otras veces resulta todo un misterio debido a que sus cambios lingüísticos se pierden en la oscuridad de la antigüedad; y es por ello, que resulta difícil desenmarañar esa bola de estambre tan grande en la que se ha convertido el español. Esta es una de las razones por la que se dificulta entender y explicar por qué las palabras tienen género, ya que es una respuesta larga y complicada. Pues la lengua es cosa compleja, arrastra desde milenios miles de rasgos gramaticales irregulares. No sólo el español, casi todas las lenguas indoeuropeas, desde hace 3,000 años, tienen las consabidas irregularidades en el género (salvo las que no llegaron a tenerlo, como el hetita, o lo perdieron, como el inglés). El género gramatical de las lenguas no fue construido para que marcara únicamente el sexo de las cosas, ni siquiera lo hace la mayoría de las veces. En un principio el género marcaba la clase o el tipo al que pertenecían los sustantivos. El masculino y el femenino son rasgos gramaticales que marcan a veces, respectivamente, el sexo del macho y la hembra, mil otras no, el «sillón» y la «silla» no son macho ni hembra.

La razón de la existencia del género gramatical en español

La conclusión a la que han llegado investigadores como la profesora de lingüística de la universidad de Pavia, Silvia Luraghi, es que los géneros en las lenguas indoeuropeas originalmente no se utilizaban para diferenciar lo masculino de lo femenino, sino que las lenguas diferenciaban dos tipologías: una para animado, contable, individual y otra para neutro, genérico, colectivo.  Las palabras no tenían géneros en oposición masculino y femenino, sino que era una clasificación nominal. La clasificación de las palabras por el sexo, como en gato, y gata, enfermero y enfermera, vino mucho después, siendo muy reciente en el tiempo.

Por otro lado, la filóloga catalana Carme Jimenez Huertas afirma que en un principio el género en las lenguas romances no tenía nada que ver con el sexo.  Ella nos dice: podemos clasificar los sustantivos como concretos y abstractos, comunes y propios, contables y no contables. Algunas de estas tipologías se expresarían con determinadas terminaciones. Lo que hemos llamado género indicaría una tipología gramatical.  Así tenemos que en muchos casos la terminación en [-a] final indica un conjunto mayor: una huerta es mayor que un huerto; una cuba mayor que un cubo; la leña está compuesta de leños; un madero es contable y madera más genérico y abstracto; los matemáticos son los hombres y las mujeres que se dedican a las matemáticas, mientras que las matemáticas son la ciencia abstracta que estudia los números.

Es curioso notar que en latín no existían las diferencias de sexo como en las palabras gata y gato, perro y perra como en las lenguas romances actuales ,pero sí para lupus (lobo) y lupa (loba).

En la siguiente tabla la terminación –a funciona como aumentativo en las palabras de género femenino.

Objeto pequeñoObjeto grande
PozoPoza
CharcoCharca
RamoRama
CanastoCanasta
CalderoCaldera
MantoManta
CuboCuba
HuertoHuerta

Lo contrario también pasa con los pares de palabras cesto/cesta, barco/barca, banco/banca, en donde las que terminan en –o son más grandes que las que tienen la terminación –a. En muchos otros pares como cero/cera que significan cosas diferentes, se explica porque ambas palabras tienen diferentes orígenes y no uno en común como las anteriores, en este caso cera viene del latín cera y cero del italiano zero, que a su vez proviene del árabe sifr.

El sufijo –ón funciona como aumentativo, pues un sillón es más grande que una silla. Todos los sustantivos formados con este sufijo pertenecen al género masculino.

Sustantivo Aumentativo con sufijo –ón
SillaSillón
ColchaColchón
PuertaPortón
JarraJarrón

En muchas plantas la terminación –o indica al árbol o arbusto, mientras que la terminación en –a indica el fruto de dicha planta.

ÁrbolFruto
OlivoOliva
ManzanoManzana
AvellanoAvellana
PimientoPimienta
AlmendroAlmendra
NaranjoNaranja
GranadoGranada
PapayoPapaya

Dentro de la clasificación de vocablos  pertenecientes al género femenino encontramos las palabras que indican cualidad como las que presentan la terminación –dad como fragilidad, elasticidad y oscuridad; las palabras con el sufijo –ción que indica efecto y acción como contaminación y educación; y las que tienen la terminación –tud que indica abstracto de cualidad como juventud y similitud.

¿Por qué hay sustantivos masculinos y neutros con terminación -a?

Las palabra como escriba, colega y poeta provienen del latín, en donde el sufijo neutro de agente –a, sufijo indoeuropeo perfectamente conservado en latín que marca quien se dedica a una actividad sin distinción de sexo, y que está presente en multitud de palabras latinas, como agrícola. Muchas de estas palabras el latín las tomó del griego; por ejemplo, el vocablo griego στρατηγός (“strategós”, general de un ejército, experto en arte de guerra o estrategia), al pasar al latín adquirió el sufijo –a para designar a hombres y mujeres que realicen esa profesión. Otro ejemplo es poeta, el cual es otro préstamo del griego ποιητής (poiités), esta palabra está compuesta con el verbo ποιεῖν (poiein = hacer o crear) y el sufijo -της (-tes, agente, como en diabetes y apóstata), que al pasar al latín tomó también la terminación –a.

Existen otros 2 sufijos de agente animado de ambos géneros, los sufijos –ta (como en profeta, anacoreta, cenobita) e –ista, que también encontramos en nombres de profesionales de algo sin distinción de género como taxista, dentista, taxidermista), o en los entregados a una creencia o postura vital como islamista, materialista, hedonista, etc

Otras palabras se crearon muchos siglos después, como el vocablo artista que pertenece al latín tardomedieval, exactamente del s. XIV, compuesta a partir de la palabra latina arts, artis con el sufijo –ista que marca agentes y profesionales, proveniente del griego –ιστής (-istés) y que se adaptó al latín con la forma –ista.

Sustantivos y adjetivos con terminación –nte

El sufijo –nte presente en palabras como presidente tiene su origen en la terminación latina –ntis, usada para crear el presente participio. Esta forma era usada sin distinción de sexo, algunos ejemplos son dependentis (dependiente) y agentis (agente). La mayoría de estas palabras presentes en el castellano son muy recientes por lo que no vienen del latín, sino que fueron creadas para describir nuevos conceptos en el idioma como presidente, dibujante, ayudante, gerente, etc. Y al igual que el latín, el sufijo –nte en español es usado para ambos sexos, aunque algunos casos se han generalizado femeninos en -a: clienta, dependienta y presidenta. A veces se usan ambas formas, con matices significativos diversos: la gobernanta (en una casa, un hotel o una institución, ‘mujer que tiene a su cargo el personal de servicio’. Existen personas que dicen la dependienta o la gerenta, las cuales son formaciones muy recientes que de acuerdo a la RAE no se consideran incorrectas; pero también hay quienes conservan la forma original la dependiente y la gerente, ya que naturalmente la terminación –nte comprende tanto a los hombres como a las mujeres. Las formas femeninas como presidenta y gerenta son muy recientes debido al movimiento feminista, pero originalmente no era necesaria la feminización de estas palabras porque como ya se dijo anteriormente, la terminación –nte es un sufijo neutro que abarca ambos sexos. Aunque es verdad que varios siglos antes ya se había hecho en el lenguaje una diferenciación entre sirviente y sirvienta. Aun así sabemos inconscientemente que el sufijo –nte es neutro, y la prueba está en que no decimos “eres muy inteligenta” o “María es agenta de bienes raíces”, sino que en realidad decimos cosas como ‘la gata de Schrödinger ha sido acusada de ser AGENTE del nuevo orden mundial’, decimos agente y no agenta.

Algo parecido sucede con la terminación en –o de muchas profesiones como ingeniero y médico, las cuales originalmente eran utilizadas para ambos sexos: el ingeniero/la ingeniero, el médico/la médico. No es cierto que estas palabras solo aceptaban la terminación en -o porque en la antigüedad las mujeres no tenían permitido ejercer estos trabajos, es verdad que las mujeres no ejercían estas profesiones, pero esta no es la verdadera razón por la que estas palabras incluían a ambos sexos, sino porque la terminación en -o en palabras como médico e ingeniero comprenden tanto a hombres como a mujeres, ya que son sustantivos neutros, y esto lo sabemos muy bien, es por ello que decimos ‘la modelo’ y ‘la miembro’, y no decimos ‘la modela’ y ‘la miembra’ porque sabemos que se escucha raro.

Al igual que como sucedió con vocablos como presidente y dependiente que fueron feminizados a presidenta y dependienta, la feminización de palabras como ingeniero y médico ha sido aceptada con el tiempo, y ahora decimos la ingeniera, la médica o la física. El idioma acepta evolución y pueden difundirse estas nuevas formas, siempre y cuando no sobrepase la línea de la irracional. Todavía recuerdo que fue en el año 2013 cuando la RAE aceptó la forma ingeniera como correcta, pero no es correcta porque lo diga la RAE, sino porque los hablantes ya habían extendido su uso hasta hacerlo algo normal. Sin embargo, aún existen personas que dicen la médico o la técnico, en lugar de la médica y la técnica, lo cual es algo común y normal, ya que originalmente estas palabras con terminación “-o“ eran usadas sin distinción del sexo al ser sustantivos neutros, pues el hecho de que terminen en –o no significa que se usen únicamente para referirse a los hombres, y esto aún está presente en nuestro subconsciente, pues como dije anteriormente no decimos “modela” para referirnos a una mujer modelo, porque sabemos que se escucha absurdo. Otras profesiones que fueron feminizadas son: abogada, bombera, árbitra, concejala y jefa.

Palabras que tomaron el mismo género de los idiomas de las que provienen

Existen muchas palabras que terminan en –a y que pertenecen al género masculino, las cuales confunden a los extranjeros que estudian español, es normal escucharlos decir cosas como “la idioma” o “la programa”. Muchas de estas palabras provienen del latín, y a su vez el latín las tomó del griego antiguo, en estas dos lenguas antiguas palabras como paradigma y diagrama son de género neutro, y cuando pasaron al castellano se les asignó el género masculino, posiblemente porque el género neutro está un poco más relacionado con el género masculino que con el femenino.

Español (palabras de género masculino)Latín (palabras de género neutro)Griego antiguo (palabras de género neutro)
ParadigmaParadigmaΠαράδειγμα (transcrito paradeigma y leído parádigma)
IdiomaIdiomaἰδίωμα (leído idioma)
AnagramaAnagrammaΑνάγραμμα (leído anágramma)
DiagramaDiagrammaΔιαγραμμα (leído diagramma)
DiafragmaDiaphragmaΔιάφραγμα (leído diáfragma)
ProgramaProgrammaΠρόγραμμα (leído prógrama)

Se dice que el 40% de las palabras de la lengua española provienen de otras lenguas. La mayor entrada de galicismos en el español tuvo lugar en los siglos XI y XII y en el siglo XVIII, en este último siglo el francés se había convertido en la lengua de la moda aportando términos como chaqueta, pantalón, chófer, garaje, etc. La gran mayoría de estos vocablos pasaron al español con el mismo género que tenían en francés. En las siguientes listas de galicismos podemos ver como no perdieron el género que tenían en su lengua de procedencia.

Se dice que el 40% de las palabras de la lengua española provienen de otras lenguas. La mayor entrada de galicismos en el español tuvo lugar en los siglos XI y XII y en el siglo XVIII, en este último siglo el francés se había convertido en la lengua de la moda aportando términos como chaqueta, pantalón, chófer, garaje, etc. La gran mayoría de estos vocablos pasaron al español con el mismo género que tenían en francés. En las siguientes listas de galicismos podemos ver como no perdieron el género que tenían en su lengua de procedencia.

EspañolFrancés
La vitrinaLa vitrine
La marionetaLa marionnette
La tallaLa taille
La bogaLa vogue
La marmotaLa marmotte
La mascotaLa mascotte
La ruletaLa roulette
La grippeLa gripa
La rutinaLa routine
La botellaLa bouteille
La joyaLa joie
La garitaLa guérite
La tarjetaLa targette
La bateríaLa batterie
La chimeneaLa cheminée
La asambleaL’assemblée
La chaquetaLa jaquette
La batallaLa bataille
La tropaLa troupe

Nótese que en francés las palabras con la terminación –ette son femeninas, este sufijo forma los diminutivos de los sustantivos del género femenino (y –et para sustantivos masculinos).

EspañolFrancés
El boneteLe bonnet
El reportajeLe reportage
El masajeLe massage
El sabotajeLe sabotage
El timbreLe timbre
El bastardoLe bastard
El chasísLe châssis
El tallerL’atelier
Le torniqueteLe tourniquet
El aviónL’avion
El aeroplanoL’aéroplane
Sustantivos masculinos

Las palabras francesas terminadas en –age son todas de género masculino, lo mismo sucede con su equivalente español –aje, el cual lo encontramos en palabras como aprendizaje, hospedaje, almacenaje, etc. Este sufijo tiene varias funciones en las que se encuentran: unido a verbos expresa acción como abordaje y embalaje; y unido a nombres expresa conjunto como en ramaje.

La mayor influencia de de italianismos tuvo lugar en el Renacimiento, y al igual que pasó con el francés, se mantuvo el género de las palabras al pasar al castellano.

ItalianoEspañol
La salcicciaLa salchicha
La cavalcataLa cabalgata
La cupolaLa cúpula
La gazzettaLa gaceta
La passerellaLa pasarela
La serenataLa serenata
La valigiaLa valija
Il balconeEl balcón
Il mafiosoEl mafioso
Il macaronEl macarrón
Il pagliaccioEl payaso
Il trafficoEl tráfico
Il duoEl dúo
Il formatoEl formato
Sustantivos femeninos y masculinos

Lo mismo pasó con los préstamos léxicos de otros idiomas como el catalán, el gallego y portugués.

CatalánEspañol
La faena (forma antigua)La faena
La pantallaLa pantalla
La cantiplora (forma antigua)La cantimplora
La premsaLa prensa
El forasterEl forastero
El llinatgeEl linaje
El paperEl papel
El relotge (forma antigua)El reloj
El viatgeEl viaje

Como hemos visto el género en español es una clasificación nominal o tipología gramatical como en las palabras madero y madera, olivo y oliva, silla y sillón. Y solo muy parcialmente implica sexo, como en las palabras  gato y gata, esposo y esposa. Sin embargo, existen personas como las feministas que manipulan  el lenguaje para hacernos creer que el género gramatical solo marca el sexo, y comienzan a decir miembra, portavoza, jóvena y estudianta, o dicen “todos y todas”, “maestros y maestras”, “todes” o “todxs” porque supuestamente el plural genérico masculino excluye a las mujeres, cuando en realidad incluye a ambos sexos, de la misma forma en que el género femenino incluye tanto a hombres como a mujeres en palabras como las personas, las víctimas, la gente, la multitud, las criaturas, la humanidad, la raza humana, etc. Es curioso y muy hipócrita como entienden perfectamente que la palabra femenina personas incluye a ambos sexos, pero no quieren entender que al decir todos también se está incluyendo a ambos sexos. La falsa creencia de que el idioma es sexista es debido al desconocimiento del funcionamiento de su propio idioma.

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